Aix-en-Provence se convierte en el primer festival en recibir el premio Birgit Nilsson, considerado el Nobel de la música clásica
La gran cita francesa recibe el prestigioso galardón de manos de los reyes de Suecia durante la tradicional ceremonia en el Konserthuset de Estocolmo
El Premio Nobel de la música clásica no es un Nobel propiamente dicho, pero casi. Lo entregan cada tres años los reyes de Suecia en el Konserthuset de Estocolmo y está dotado con un millón de dólares. Quiso la legendaria soprano sueca Birgit Nilsson, y así lo dejó escrito en su testamento, que el premio que habría de llevar su nombre sirviera para honrar a artistas consagrados. Y al igual que ocurrió en la edición de 2014, que distinguió a la Filarmónica de Viena, ayer el galardón volvió a recaer en una institución musical. “A lo largo de sus 77 años de existencia, el Festival de Aix-en-Provence ha ofrecido al público y a los artistas un abanico de experiencias impactantes y transformadoras”, explicó al comienzo de la ceremonia Susanne Rydén, presidenta de la Fundación Birgit Nilsson. “Durante este tiempo ha convocado a las grandes estrellas de la lírica sin dejar de brindar oportunidades a los jóvenes de cada disciplina”.
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