Alemania y los herederos del káiser entierran la disputa por el viejo patrimonio imperial
Los tesoros de los Hohenzollern seguirán en manos públicas. El caso ha reavivado las evidencias por la colaboración de la familia con los nazis
El fantasma de los Hohenzollern, la dinastía imperial que contribuyó a llevar a Europa la catástrofe de la Gran Guerra, perdió el trono en 1918 y después colaboró con Hitler en la todavía mayor catástrofe del nacionalsocialismo, sigue planeando sobre Alemania. Es débil y hace tiempo que dejó de imponer ningún respeto particular; su lugar se hallaba más en las páginas de las revistas del corazón que en la política. Pero los Hohenzollern albergaban otras aspiraciones. Durante décadas, no dejaron de reclamar lo que consideraban suyo: las propiedades y obras que se les expropiaron después de II Guerra Mundial. El actual jefe de la casa, Jorge Federico de Prusia, tataranieto del último káiser, llegó a pedir en 2019 el derecho a residir en el palacio de Cecilienhof, el mismo donde hace 80 años se celebró la conferencia de Potsdam. Después se retractó.
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