Amélie en casa
La escritora belga retrata a los dos protagonistas de su última novela, ‘Los Aerostatos’ a partir del diseño, el desorden o el control en sus casas. También de la relación que establecen con ellas
Sabemos que el invierno termina porque Anagrama publica, con impecable traducción de Sergi Pàmies, la última novela de Amélie Nothomb. La leyenda es que la escritora belga termina varias al año. Y que al final, elige una. Así, prudentes en el formato ―desde hace casi dos décadas apenas necesita más de cien páginas―, sus novelas son tan ambiciosas en el viaje mental como en el disfrute vital ―por dramáticos que puedan en ocasiones ser los hechos que encierran, no hay novela suya sin celebración de estar vivo―. Así las cosas, en el día de Sant Jordi, permítanme celebrar libros y arquitectura de su mano. No se trata solo de que Nothomb sea una de mis escritoras favoritas. Lo importante es que siempre hace pensar. Y siempre hace sonreír. No hay vez que no te enseñe algo, y lo habitual es que celebre, a lo grande, la fantasía y la inteligencia. Es tan lista que hace que sus lectores participen de su audacia y se sientan más listos que tontos. Nothomb celebra lo mejor de la vida, pero nunca a sí misma. Jamás utiliza una palabra de más. Y siempre te libera de algún prejuicio.
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