Año nuevo, vida vieja
Dividimos la vida en años para intentar entenderla. Y esto es más patente que nunca el 1 de enero, cuando se nos juntan un desenlace y un comienzo. Pero la vida va tan rápido que se nos atraganta, como las uvas
Hay cosas que no tienen medida, como la oscuridad, el vacío o el miedo. Hay otras, como la vida (o el mar) que son solo inabarcables. Por eso fingimos que se dividen en pedacitos pequeños e independientes, para intentar entender. Para encapsular las penas y alegrías en trocitos y que no se nos hagan bola. Así decimos que hemos pasado un annus horribilis, que no hay mal que 100 años dure o que año nuevo, vida nueva.
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