Aquel verano de... Elvira Lindo: la primera rebeldía
La escritora y guionista recuerda una noche de la infancia en la cama de la casa del pueblo donde murió su abuela y nació su madre

Me voy a arrimar a ella, pero me rehúye. Sabe que me hace sufrir, lo hace para que sufra y para que aprenda. Las niñas no andan de aquí para allá todo el día sin parar en casa, las niñas se preocupan de cómo están sus madres, una niña en condiciones vuelve a casa cada poco para ver si su madre se ha puesto más enferma aún de lo que ya está. Consciente de mi culpa quiero abrazarla con toda mi alma, que me perdone y que me quiera. En la oscuridad, mi barbilla tiembla. Me aparta porque dice que le doy calor; en las camas viejas se pasa calor. En esta cama vieja murió mi abuela y nació mi madre. En esta cama vieja duermen mis padres todos los veranos. Mi padre fuma en la cama. Mi tío fuma en su cama del cuarto de al lado. Hay hombres que de madrugada fuman mientras los niños duermen. Y el olor a padre, a la loción y al tabaco, permanece los días en que él está en Madrid.
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