Aquel verano de... Juan Luis Arsuaga: cuando caminé hacia lo salvaje
El paleoantropólogo recuerda 1975 cuando estudiaba su carrera en Madrid y pido conocer un mundo hoy desaparecido: el campo

No teníamos cámara de fotos. Solo la tenían en aquella época los padres y por eso no hay imágenes de nuestra juventud, salvo aquellas fotos espantosas de las reuniones familiares, en las que salimos de frente mirando al objetivo. Hay más fotos de cuando éramos críos. Se ve que les hacíamos gracia a nuestros padres y por eso gastaban en nosotros un valioso fotograma de cuando en cuando. Pero los adolescentes habíamos dejado de ser interesantes y solo formábamos parte del retrato familiar. No me pidas que te enseñe una foto de cómo era yo entonces, cuando deberíamos haber leído El guardián entre el centeno o quizás On the road. Así habríamos tenido modelos que imitar.
¿Cuál es tu reacción?









