Aquel verano de... Manuel Jabois: días felices en Canelas
El periodista y escritor recuerda una semana de este mismo verano en una casa llena de niños, que arrancaba cada día con largos paseos por la playa con una perra

Cuando mi periódico me pidió que escribiese de un verano que recordase, un verano feliz o trascendente, un verano que hubiese significado un gran cambio, me vinieron a la cabeza un puñado de veranos apacibles y felices de la adolescencia y tumultuosos de la juventud, los veranos de experiencias y viajes: todos ellos los descarté por manidos (qué otra cosa es el verano sino la estación del descubrimiento) y porque de lo que me apetecía escribir era de aquellos días que estaba pisando yo a mediados de julio, de este julio, aquel julio, en una playa vacía viendo amanecer. No fue un verano, sino una semana, pero qué sobrevive de un verano sino una semana, unos días quizá: tan importante es vivirlos como saber que se están viviendo y no terminarán almacenados en el lugar de las cosas cuya alegría es diferida, como si las hubiésemos financiado.
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