Aquella pistola del jardín en primavera
En aquel jardín derruido, Pasionaria a veces interrumpía su charla y cantaba un zorcico con voz muy templada
Estaba sentada en un sillón roto, de mimbre blanco, en aquel jardín derruido, rodeada de jóvenes devotos que escuchaban con veneración lo que ella contaba: “Me gustaba mucho bailar pasodobles, España cañí o lo que fuera —decía Dolores Ibárruri―. En la plaza de mi pueblo había un quiosco de música y a su alrededor se montaba el baile los domingos por la tarde. Allí danzaba yo con todos los muchachos. Tuve un primer novio que se llamaba Miguel Echevarría, lo recuerdo perfectamente, un chico de Matamoros, ajustador metalúrgico, muy tímido, que venía atravesando los montes los domingos a sacarme a bailar. Duró poco porque no hablaba nada. Si yo callaba, él no hablaba. Un día le dije: Ya no vuelva más”.
¿Cuál es tu reacción?









