Arco evita los golpes de efecto y apuesta por descolonizar el mercado del arte (o lo intenta)
Escudada en la sobriedad, la gran feria de arte contemporáneo abre sus puertas en Madrid agitando los grandes debates del presente, como el legado colonial, las cuestiones de género o la urgencia de la crisis climática
Quien busque la foto de la feria no la encontrará. No está la capilla ardiente de Picasso, ni Franco criogenizado, ni Pedro Sánchez comparado con Stalin, Fidel Castro y Pol Pot, entre otros golpes de efecto. Arco, la gran feria internacional de arte contemporáneo, abrió sus puertas este miércoles en Madrid sin las polémicas de salón que han marcado su historia reciente, confirmando una tendencia a la sensatez y la sobriedad, al fondo por encima de la forma, que tal vez empezase con la pandemia. Es como si los pasillos de Ifema, el recinto ferial que acoge esta cita mayúscula para el mundo del arte, nunca se hubieran recuperado de los meses en que se convirtieron en hospital de campaña, aunque ya nadie hable de eso, ni tampoco piense en eso.
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