Arte, vanguardia y horror en el campo de concentración nazi de Ebensee
La Capital Europea de la Cultura en 2024, la austriaca Bad Ischl, presenta una instalación artística y una docuficción en las antiguas instalaciones del campo satélite de Mauthausen para hacer pedagogía de la memoria

El plan del comandante nazi era tan criminal como poco sofisticado. Consistía en encerrar a los 16.648 prisioneros del campo de concentración de Ebensee en el gigantesco túnel horadado en la montaña inmediata y dinamitar la entrada. Enterrarlos vivos. Los presos barruntaron la maniobra, sabían que el Ejército aliado estaba cerca y se rebelaron. Lo usual en un motín contra unas SS inquietas y en retirada es que los cabecillas fueran ametrallados sin contemplaciones, pero los dejaron en manos de una patrulla de la Wehrmacht. “Su vida no valía nada”, dice Wolfgang Quatember, director del memorial del campo de concentración de Ebensee, en Alta Austria, “y Anton Ganz, el comandante, ya pensaba en la suya propia tras la guerra. En las consecuencias de una matanza selectiva con testigos. No tenía tiempo para escaramuzas. Huyeron”.
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