Baila o muere: Lady Gaga arrasa con una tenebrosamente luminosa ópera pop en el Sant Jordi
Música de baile y aires fúnebres, la mezcla ganadora que subyugó al estadio en la primera de sus tres citas en Barcelona
El pop suele ser liviano, efervescente y colorista, pero Lady Gaga hace su propio pop, ribeteado con oscuridad, imaginería tenebrosa y en su último espectáculo con una pulsión bailable que sugiere fiestas en los cementerios, danzas en el ataúd. Esa particular manera de acercarse a la multitud, entre la que selecciona a quienes formalmente no se sienten incómodos con las sombras, a quienes, como ella, han sufrido de una u otra manera por no encajar en el molde, dominó el sentido del espectáculo gótico y recargado que la diva neoyorquina ofreció en el primero de sus tres conciertos en el Sant Jordi. Fue un espectáculo diferente, un montaje que en su espalda llevaba colgado un esqueleto con el que incluso el horror se hizo pop y disco, sacudiendo entre sonrisas y placer a la multitud. Lo raro es lo normal con Lady Gaga. Nada provoca miedo acongojante si detrás hay una sonrisa cómplice. Además, ¿qué es raro?, ¿qué es normal?
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