Bordados y encajes con maña de escultor: vestir a la virgen como conquista LGTBIQ+
El debate suscitado por la forma de vestir a una dolorosa en el Museo del Prado pone el foco en los vestidores, un codiciado oficio andaluz aunque desconocido en el resto de España

La camaradería popular, los anhelos de grandeza, la vanidad de la cara tapada, la competición constante en forma de rutilantes mantos bordados. El periodista Manuel Chaves Nogales escribió en 1935 la que quizás sea la más completa descripción de la Semana Santa sevillana y andaluza. En aquel retrato certero y atemporal le dedicó unas líneas a un personaje que ya entonces era esencial: “En algunas cofradías, las funciones de camarista las desempeña un hombre de gustos afeminados, capaz de pasarse las horas muertas adornando y componiendo a su virgen con un esmero y un primor que no sabría tener ningún modisto con su más genial creación”.
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