Bordar como vinculación a la creatividad femenina
No renunciamos al otro arte, humilde y hermoso, que es un capital acumulado con nuestros “pequeños” hallazgos domésticos
Olvido García Valdés escribe “De marfil ve sus propios dedos, agujas”, poema incluido en Del ojo al hueso (2001). Leo este poema y siento la vinculación entre la escritura de las mujeres, el cuerpo, la fisicidad de la palabra, lo manual, la inmensidad de lo pequeño. La aguja entra y sale de la tela, estirada en el bastidor, y el esfuerzo físico cristaliza en belleza convencional, cursilería, un descubrimiento. La aguja entra, sale. Podemos pincharnos. La gota de sangre aparece como imagen en una actividad que, como muchas de las que hemos realizado las mujeres, se coloca en un punto intermedio entre artesanía y arte, creación y consumo: el prosumo sobre el que escribe Remedios Zafra. Manualidades, labores, ikebana, tareas pretecnológicas sirven para pasar el tiempo, hermosear la casa, calentar los pies de la familia. Mi abuela Juanita tejía para mí braguitas de perlé. Mi madre me hacía jerséis de color rojo.
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