Cuando la camiseta tapa todo
Nuestra sensibilidad con respecto a temas como el racismo aumentó en los últimos años, pero una vez más el fútbol demuestra que llega tarde a todas las revoluciones
Estamos en la semana en la que el racismo bajó de las tribunas al terreno de juego. Aunque el jugador es un hincha que juega, no es lo mismo un territorio que otro. La tribuna es un lugar idóneo para perder el control: se contagian los excesos, se autoriza el insulto, se aprovecha el anonimato. Pero en el campo te apuntan las cámaras, el rival es un colega y se supone que hay una responsabilidad social propia de quienes estamos bajo observación.
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