Cuando se necesita un elefante muerto para entender la prehistoria
El gran libro de Gregory Curtis ‘Los pintores de las cavernas’ muestra que los científicos caminan a ciegas para entender el momento crucial de la humanidad
La elefanta Yoyo falleció en 2024 en el Zoo de Barcelona a los 54 años. Fue una elefanta extraordinariamente longeva —normalmente estos magníficos animales viven un máximo de 40 años en cautividad— y, además, su cuerpo prestó un último servicio a la ciencia. Un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) había descubierto en Olduvai (Tanzania) herramientas de hueso de 1,5 millones de años, lo que demostró que los Homo erectus, antepasados del Homo sapiens, tenían una capacidad cognitiva muy superior a lo que se pensaba. Pero los descubrimientos no siempre son suficientes: los prehistoriadores tienen que recurrir a veces a la arqueología experimental, esto es, comprobar con los mismos materiales cómo se podría construir un determinado objeto, qué función podría tener y su eficacia. Por lo tanto, el equipo del CSIC necesitaba un elefante muerto para fabricar herramientas parecidas y probarlas.
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