De porteros y esas cosas
En tiempos de dudas y sustos, en esos en los que no sólo se mide la calidad de un jugador sino también su personalidad, Iñaki Peña respondió “presente”, demostrando que está ahí por méritos propios
Era el minuto 42 de la primera parte y el Barça había conseguido empatar el partido contra el Oporto cuando, tras un barullo en el área azulgrana, uno más, la pelota le cayó a Varela, que la puso colocada, con mimo, junto al palo de Iñaki Peña. No sé si alguna vez les he contado que esos tiros flotantes, mimosos, suaves, suelen ser un problema para los porteros en las acciones que parecen reclamar una solución rápida, ágil, determinada. De esas que siguen a un tiro duro y colocado, y que propone impulsar con determinación para luego encontrarse con un balón que vuela más lento, más colocado, con un efecto que complica el desvío y al que la ausencia de una gran fuerza obliga a esmerarse mucho en el despeje. De lo contrario, que se lo digan a Donnarumma, la pelota se queda ahí, suelta en el área y dispuesta para que llegue un delantero y la mande a guardar en la red.
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