De ‘¡Vente a Alemania, Pepe!’ a The Pogues y los ‘barcos ataúd’ de Irlanda: la cultura europea no se puede entender sin la emigración
La obsesión por narrar la emigración como un problema o una invasión resulta especialmente sangrante en España, un país que cientos de miles de personas abandonaron para huir de la miseria o la dictadura
En Europa todos somos emigrantes o hijos de emigrantes o familiares de emigrantes. Todos conocemos a alguien que tuvo que irse a otro lugar a buscarse la vida. Ahora, la pujante ultraderecha europea, con la inestimable ayuda de políticos oportunistas como el francés Emmanuel Macron o el británico Rishi Sunak —dispuestos a vender su alma al diablo como si ignorasen que los pactos fáusticos siempre destruyen al que los firma—, ha puesto este debate en el centro de los problemas del continente como si estuviésemos sufriendo algún tipo de invasión. Sin los migrantes, la economía y la demografía europea estarían hundidas (también la estadounidense, por otro lado). Lo único que vemos es a personas desesperadas que huyen de la pobreza, la guerra, el cambio climático —problemas en los que Occidente tiene una responsabilidad indudable— como lo hicieron, antes que ellos, millones de europeos.
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