Donde las anchoas y la mantequilla marcan el territorio
A través de la elaboración de estos dos manjares identitarios se conoce la Cantabria oriental, donde se ubica el parador de Limpias, un palacio de 1903 que atrae visitantes en busca de calma y de cultivar otras formas de vida diferentes a las de la ciudad
A fuerza de batir la nata (de la leche de vacas de pasto) se obtiene mantequilla y un suero pálido que el granjero Jorge Mariscal sirve en un vaso de caña para que los asistentes al taller de elaboración de productos lácteos se lo beban como si fuera una pócima en la granja Santa Ana (Cantabria), desde donde se divisa la playa de Berria y la marisma de Santoña y el monte Buciero; donde se reconsideran las costumbres modernas, donde se hace apología de la leche fresca y entera en una casa rodeada de un prado en el que pacen las vacas (felices no, porque no hay espacio para la cursilería, simplemente viven más y mejor y dan un producto más rico); una escuela de tradiciones a la que se llega si uno cae en su web o en las redes, o si pregunta en la recepción del parador de Limpias, un palacio de 1903, un hotel que sabe adónde dirigir al huésped para conocer cómo se vive en esta tierra, para que el visitante vuelva a casa con un bloque de mantequilla y con la intriga de comprobar si ese suero sirve de veras para hacer una buena bechamel, como dice Mariscal, divertido ante la sorpresa del resto.
Redacción y guion:
Mariano Ahijado
Coordinación editorial:
Francis Pachá
Fotografía:
César Manso
Desarrollo:
Rodolfo Mata
Diseño:
Juan Sánchez
Coordinación diseño:
Adolfo Domenech
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