‘Dune: parte 2’, la melancolía de los Sardaukar
En la extraordinaria nueva entrega de la saga, los soldados imperiales consuman su declive ante los Fremen, los guerreros del desierto

Es difícil quedarse con un aspecto de Dune: parte 2, la excepcional segunda entrega de la saga cinematográfica de Denis Villeneuve sobre la gran novela de Frank Herbert. Todo es extraordinario: la lucha en torno a la cosechadora en las dunas, la cabalgada del gran gusano Shai Hulud, el combate en el anfiteatro de Giedi Prime (planeta a evitar), la apoteosis de Muad’Dib como mahdi en el consejo Fremen (qué fenomenal el dramático progreso de Timothée Chalamet de chico simpático y espabilado a aterrador líder de masas: ¡cuánto aprendió Spielberg de Herbert para Darth Vader y los peligros del poder, y cuánto ambos, Spielberg y Herbert, de las transiciones del héroe de Joseph Campbell!); la llegada de la corte imperial, incluidas cinco legiones Sardaukar, a Arrakis y la batalla definitiva, con naves abrumadoras, “rotundas como catedrales”, según acertadísima expresión de Javier Ocaña, pero librada en última instancia a brazo, a espada; la pelea a muerte final entre Paul Atreides y el Harkonnen Feyd-Rautha, en la que se juntan Hamlet (el tout Elsinor galáctico de Kaitain mirando; la ponzoña en la daga) y el Rob Roy de Liam Neeson (parar con la mano el filo del rival; por cierto, Dune también tiene gaitas)…
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