El amor y la caída de Iván Romeo
Patinazo y golpe del corredor del Movistar cuando acababa en la fuga para ganar la etapa
Como el ciclismo, la música es un acto de amor. Amor loco, desesperado, nunca correspondido plenamente, ¡tanto se da! Un asunto de Romeo, Iván, claro, que camino de Pontarlier quiere teñir de rosa Julieta y cálido pero happy el Tour de su debut tan joven 21 años, y, como si en su cabeza resonara el Prokófiev del baile de los caballeros montescos y capuletos, allegro pesante, épico y trágico, ánimo y caída, grandeza y melancolía tan rusas, bajando la cuesta de Longeville, ataca desde atrás, adelanta por la derecha, puro Verstappen sobre mojado con neumáticos lisos, se pone en cabeza y casi de cabeza se da al frenar ante una curva que no sabía que existía. La bici patina sobre un asfalto degradado, desagradable y empapado y él se golpea de costado contra el bordillo cortante de la acera agresora. Se desgarra el mono, sangre roja por la ingle. Vendas y pedal de nuevo. Había conseguido Romeo, el más joven del Tour que aburre al niño superdotado que es Tadej Pogacar, casi más que ningún otro español en el Tour también más triste de un ciclismo aún en el pasado.
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