El ‘cometa Tadej’ ilumina el Tour de Francia
El segundo y el tercero, Vingegaard y Evenepoel, orgullosos de su ascensión al Plateau de Beille, afirman que la de Pogacar fue “la mejor actuación de la historia”, y el esloveno cree que también
Hubo un tiempo, hace no tanto, en el que quien hablaba del Plateau de Beille (16 kilómetros al 8%) decía ¡Platóooooo de Beiiiiille! con la voz apocalíptica de Didi Senft, el diablo saltarín tantos Tours dando saltos en las cunetas, y añadía, cuyo solo nombre provoca escalofríos. Ese tiempo pasó, barrido por un ciclista, un fenómeno que como el cometa Halley solo brilla en el firmamento una vez cada decenas de años, y deja a todos con la boca abierta de admiración y arrobo, y hasta los rivales aplauden. Es el cometa Tadej, que el domingo iluminó el Plateau de Beille, convertido ya, quizás, en un observatorio astronómico a la espera de, no se sabe cuándo (los campeones del ciclismo nacen cuando quieren, no cuando el orden astral lo determina), un fenómeno similar.
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