El día que Mercedes tocó a Almeida por primera vez
En el día grande de las fiestas de San Isidro, la pradera es una marea humana de madrileños y turistas entre los que se mezclan durante la jornada los políticos de la capital
Al Paseo de la Ermita del Santo muchos llegan por pura inercia, arrastrados por la circulación de la masa de gente que les lleva hasta allí. Otros tantos acuden por la tradición de venerar a San Isidro labrador en su día grande. Y mientras, unos pocos, tal vez los más optimistas, se desplazan expresamente hasta la puerta del santuario para ver si esta vez sí, les cae del cielo la buena suerte. Hoy la suerte la lleva colgada del cuello Víctor García, de 57 años, trabajador de la ONCE que se mueve a contracorriente por los alrededores de la iglesia y que a una del mediodía lleva casi 200 cupones vendidos. García es una especie de termómetro del ambiente que se respira este 15 de mayo en la Feria de San Isidro. “Todo son risas y cordialidad hasta que llegan los políticos”, advierte señalando a su espalda, donde se encuentran todos los medios de comunicación a la espera de que vayan dando su respectivo canutazo los representantes de los diferentes partidos. “Es una pena. En cuanto que les ven llegar empiezan las discusiones entre los que antes estaban de risas. Me parece muy mala señal, ¿no crees?”, se pregunta.
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