El extraño caso de Ter Stegen: cuando un futbolista prioriza la conciliación familiar
El portero alemán, con el Mundial a la vista, necesitaba un equipo en el que jugar sin perder cercanía con sus hijos
Hay una escena que se repetía: un niño salía del colegio y en la puerta lo esperaba su abuelo. Llevaba un pastelito, el mismo de siempre, comprado en la pastelería de siempre, en el barrio de Rheydt, al sur de Mönchengladbach. El viaje hasta donde entrenaba la cantera del Borussia duraba cerca de 10 minutos. Así eran las tardes entre Marc-André Ter Stegen y su abuelo, Opa, como lo llama. “Me llevaba a los entrenamientos, en los días soleados y también en los más duros. Nunca falló. Él fue mi figura paterna: siempre discreto, sin hacer ruido… pero presente, constante, cariñoso. Y para mí, ese fue el camino correcto”, recuerda el portero alemán.
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