El optimismo de la voluntad
Hay lectores que exigen que les pidas perdón y otros a los que solo puedes darles las gracias. Voy a la Feria del Libro y no soy masoquista
Llevo quince años firmando en la Feria del Libro de Madrid. Este año han solicitado mi presencia catorce librerías a las que les doy las gracias. La feria es un lugar amable y odioso. Recibes baños de humildad que no te hacen falta porque tú ya vienes humilde de casa, o más que humilde vienes hecha polvo y con temores que se cumplen cuando una señora hojea tu libro, no te ve, y le dice a su acompañante: “Esto no me lo leo ni de coña. Tiene frases de cinco líneas”. El corazón se te encoge al hacerse realidad tu pronóstico sobre la anorexia lingüística, el al pie de la letra, y vuelves a preguntarte por qué nos empeñamos en escribir eso que antes se llamaba “literatura” y ahora está en proceso de metamorfosis kafkiana.
¿Cuál es tu reacción?









