El pequeño Nicolás en el chiquipark del poder
No cayó en la ideología del esfuerzo que asedia a los chavales: levantarse a las cinco, matarse a ‘burpees’, trabajar más de la cuenta, romper tus límites, perseguir tus sueños. Lo suyo era la jeta
Por el barrio de Salamanca se avistan chavales trajeados por encima de sus posibilidades. Trabajan, quizás en prácticas, en bufetes, financieras, consultorías. Tienen poca barba, tienen poca edad, pero ya parecen tiburones. Lucen con orgullo la melenita neoliberal que popularizó Aznar, otorgando para siempre libertad capilar a las élites. El rizo al viento, como los cayetanos que putodefienden España. Está bien querer comerse el mundo, pero un poco de calma, un poco de chándal, por favor. Son casi niños.
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