El perro y el madroño
Las mascotas nos ayudan a tejer redes sociales a base de paseos. Nos obligan a tomar un respiro, pausar las urgencias tres veces al día

Mi perro casi nunca ladra. Esto, que podría parecer una bendición, es en realidad una tortura, pues Baldomero prefiere gritar. Es el suyo un chillido helador, algo indescriptible a medio camino entre un alarido humano, un guarrido y la llamada de los Nazgûl. En un primer momento pensé en Farinelli y le pregunté a mi veterinaria si podía ser un efecto secundario de la castración, pero ella me aseguró que no, que este sonido se llama “la tira del conejo” y que es bastante frecuente en algunas razas de perros cazadores como los podencos. Baldo no caza conejos, pero va gritando alegremente por el barrio como si fuera Neve Campbell en una peli de Scream. Grita cuando está contento, cuando está nervioso, grita cuando se enfada con otro perro… Por motivos más que evidentes, es muy conocido —que no muy popular— en el barrio.
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