El temido Sinner, sin piedad e impoluto hacia la final maestra
El número dos aparta a De Miñaur (7-5 y 6-2) y desembarca por tercer año seguido en el epílogo maestro. Esta vez, sin hacer cedido un solo set ni un turno al saque
Jannik Sinner lo hace así: madurándolos. Tiene algo de despiadado ese procedimiento, que al de enfrente va haciéndole creer que sí, que puede, que tal vez exista alguna oportunidad. Que quizá sea el día, que a lo mejor se han alineados los astros y lo mismo acaba encontrando algún resquicio (milagroso). De eso nada. Otro más a la lona. Resiste Alex de Miñaur una hora, hasta que la tensión termina acaba agotándole y su mente y su fe se rompen: break y 7-5. A partir de ahí, un suplicio para él, expuesto a esa manera que tiene el italiano de resolver: no es un zorro, sino un guepardo galopando hasta que a la presa le fallan las fuerzas y desiste en la carrera. El australiano è finito.
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