El Thyssen invita a meterse en un cuadro de Robert Rauschenberg
El museo madrileño se une a la celebración del centenario del nacimiento del artista con una instalación que reconstruye su proceso creativo
La filosofía de Robert Rauschenberg (1925-2008) era, según la describió su amiga la bailarina Trisha Brown: “Hagamos cosas, es divertido”. Se refería a cosas tan extrañas como rompedoras para su época: colocar un águila calva pegada en un lienzo, una cabra atascada en un neumático arriba de otro, o una colcha y una almohada salpicadas de pintura, como si escurriera sangre, colgadas de una pared. Pero sus célebres combine paintings, que redefinieron los límites de la escultura y sirvieron de puente entre el expresionismo abstracto y el pop art estadounidense, fueron solo una etapa de un multifacético artista que nunca se cansó de cambiar de registro. Cuando dominaba un proceso, lo abandonaba y a otra cosa. Eliminó las fronteras entre disciplinas, además de combinar pintura con escultura, collage y objetos encontrados en las calles de Nueva York, jugó con la serigrafía, probó como fotógrafo y, a partir de los años 50, encontró en la danza su gran pasión.
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