El toreo (y el toro) insustancial
Solo Alejandro Peñaranda, que confirmó la alternativa, dio una vuelta al ruedo con una corrida mansa, noble y sosa de Lagunajanda

Los ganaderos se suelen jactar de que crían toros para que disfruten los toreros. Se esmeran en la búsqueda de la belleza, sinónimo de estampa agradable y cómodos de cara; se devanan los sesos para que sean bondadosos (importa menos la bravura y nada el tercio de varas), y, por encima de todo, que duren en la muleta y molesten lo menos posible.
Lagunajanda/Escribano, Adame, Pañaranda
Toros de Lagunajanda, correctos de presentación, muy mansos, nobles, sosos y descastados.
Manuel Escribano: sablazo en los costillares, _aviso_ y estocada trasera y atravesada (silencio); estocada (palmas).
Joselito Adame: dos pinchazos, media atravesada y dos descabellos (silencio); estocada _aviso_ (silencio).
Alejandro Peñaranda, que confirmó la alternativa: media tendida _aviso_ y cinco descabellos (silencio); estocada desprendida (petición y vuelta).
Plaza de Las Ventas. 4 de junio. Vigésimo tercera corrida de la Feria de San Isidro. Tres cuartos de entrada (17.783 espectadores, según la empresa).
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