El torero Juan Ortega o la ética periodística en un país de cotillas
La desdichada anécdota de una boda fallida desvela las miserias de una profesión necesitada de verdad

El pasado viernes, un tertuliano televisivo desplazado a Jerez de la Frontera decía a viva voz que hay un runrún en esta ciudad andaluza en relación al torero Juan Ortega y su decisión de suspender su boda horas antes de su celebración. Y este rumor insistente —muy insistente, según el susodicho— dice que todo ha sido un montaje urdido por el torero y su entorno para alcanzar la publicidad de la que carecía, y doblar, o, quizá, triplicar sus honorarios a partir de ahora.
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