En los dominios del Lobo
En aquel garaje decadente del centro de Lisboa, el viejo alquimista de Benfica daba forma a aquellas embriagadoras flores de ruina que iban saliendo como sin él quererlo. Literatura ‘malgré moi’, le gustaba llamarla
No eran, aun siéndolo, meras letras, palabras, líneas, párrafos, páginas, libros. Eran gemas. Las iba extrayendo António Lobo Antunes de las minas subterráneas de su fecunda aunque cruel imaginación, la personal primero, la literaria después, hasta hacerlas una, esa donde confluyen las nostalgias de lo que hicimos y las frustraciones por lo que ya no podremos hacer.
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