Eternas sirenas de Formentera
Literarias, pictóricas o reales (más o menos), no hay verano en la isla balear sin ellas
No hay verano en Formentera sin sirenas. Suelen aparecer cuando menos te lo esperas. Un año unos niños encontraron una varada en cala Saona (trató de hacer creer que era una animadora disfrazada, pero ni los niños ni yo lo creímos). Otras veces parecen personas normales y sin embargo si las miras bien las reconoces, incluso de cintura para arriba. Estas vacaciones van surgiendo sirenas en la isla, variaciones de la gran sirena primordial, ese arquetipo que nada en nuestro inconsciente (siempre pienso en tatuarme una como la que llevaba Patrick Leigh Fermor en el brazo izquierdo, para no perderla). La más conspicua es la de cabello azul y pecho generoso que han pintado a todo lo largo de la vieja camioneta aparcada junto al bar Ses Roques coronada con un muy hippy letrero de “Love” en el techo del vehículo, del que se ha borrado la referencia a Pink Floyd. Dentro del bar, hay otras dos exuberantes sirenas retratadas en una pared, en la zona de discoteca donde el miércoles, por cierto, ofrecieron una animadísima sesión de tecno mestizo Las gatas voladoras, tres dj que tenían su punto sirénido, sin duda, aunque ellas se identificaban más con las brujas, unas brujas de Macbeth en versión feminista-reivindicativo a lo Mona Chollet, incluso con pancartas.
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