Fregar la calle
Hay en La Latina una señora que, una vez por semana, sale a fregar el trozo de acera que hay frente a su portal. La suya es una tarea virtualmente infinita, pues fregar la calle es la versión urbana de poner puertas al campo
Es una mujer pequeñita, pero ella sola te explica un barrio entero. Hay en La Latina una señora que, una vez por semana, sale a fregar el trozo de acera que hay frente a su portal. La suya es una tarea virtualmente infinita, pues fregar la calle es la versión urbana de poner puertas al campo. Una vez empiezas por el primer adoquín es difícil encontrar el último. ¿Dónde paras? ¿Al llegar al paso de cebra? ¿Al desembocar la acera en el primer descampado? ¿En el cartel que te dice que estás abandonando la ciudad? La señora bien podría seguir hasta Benidorm y darse de bruces con el Mediterráneo, con millones de personas tras ella pisándole lo fregado.
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