Genocidio, ruido de fondo, modelo de negocio
Sacar a un niño palestino muerto con los miembros amputados, destrozado por los proyectiles, puede minar nuestra impasibilidad, pero también producir intolerancia
Hace unos días conversé con Carmen Aguilera, directora de El intermedio, que ha sido merecidísimamente galardonada con el Premio Iris de Televisión. Hablamos del genocidio del pueblo palestino y del modo en que, desde los medios de comunicación, se representa, se muestra, se informa sobre este genocidio. Ni siquiera estos tres verbos ―representar, mostrar, informar― significan lo mismo; sus perfiles son difusos: para informar sobre un acontecimiento buscamos estrategias de representación y en la búsqueda de esas estrategias se proyecta un punto de vista, un modo de entender la realidad, que vuelve a la realidad y la construye. La objetividad parece horizonte imposible. La objetividad acaso es inhumana. Quienes se presentan como periodistas objetivos, como comunicadoras asépticas, ejercen el periodismo desde una parcialidad semienterrada: sin decirlo, reproducen claves del discurso dominante difuminado en los conceptos de normalidad y sentido común.
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