Guardiola, la construcción de una máquina de ganar
El entrenador catalán, de nuevo campón de la Premier, enseñó que el tikitaka tiene sentido cuando la posesión tiene sentido: el de hacer daño. Que la estética es necesaria cuando sirve para ganar
La época de Guardiola como jefe del vestuario del Barcelona se saldó con un sutil, apenas perceptible, cambio en la estructura social: el madridismo empezó a ser, por primera vez en su historia, antibarcelonista. Nos convirtió a los madridistas en tipos preocupados por nuestro equipo, sí, pero de repente nos vimos preguntando también por el horario del Barça-Athletic y ponerlo para animar al Athletic, o a quien correspondiese. El Madrid para el madridista era el Madrid y nada más, importaban sus victorias y sus derrotas y nada más, era el partido que se veía en la tele y nada más; el resultado por el que se preguntaba al salir de un concierto, y nada más. Guardiola absorbió el “y nada más” durante cuatro años y Messi lo prolongó, ya sin armamento ideológico pero con fulminantes resultados, algunos años.
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