Hacerse el despierto
Qué extraño el sueño, que empieza como una farsa con la esperanza de cumplirse y hacerse real
Tengo insomnio. Y mis jornadas parecen flotar en la irrealidad amniótica del cansancio. Los párpados pesan, los ojos arden y el cerebro arrastra unos segundos de latencia. Los días desfilan fofos e iguales, pero las noches son todas diferentes, en su angustia desesperante. Qué extraño el sueño, que empieza como una farsa con la esperanza de cumplirse, de hacerse real. Antes de dormir, uno debe fingirse dormido. No es tanto una mentira como un teatrillo privado, sin más espectador que uno mismo. No sucede con otros actos similares, con esa insistencia en el mentir. No te haces el despierto cada mañana, cuando suena el despertador. No simulas comer hasta conseguirlo, ni finges tener sexo hasta que finalmente lo tienes (a menos que seas un adolescente o un fantoche).
¿Cuál es tu reacción?









