Haz lo que debas
La publicidad nos retrata: nos gusta empoderarnos en la grandilocuencia de comportamientos cotidianos que deberían ser norma interiorizada
Hay cosas de la cultura que parecen no tener importancia, pero en realidad son importantísimas porque nos van taladrando el cráneo como la gota serena. Las asumimos sin sentir y, después, resulta tarde para colocarnos en otro lugar. Sucede con la publicidad filantrópica y las campañas sobre activistas de la salud: las grandes empresas esgrimen argumentos humanistas para blanquear sus expolios y, además, a menudo tergiversan el significado de ciertas palabras para normalizar, por ejemplo, la medicina privada. Hoy me asombra especialmente la campaña Movimiento imparable y su lema sobre el orgullo reciclador. En estos anuncios el gesto de Rosa Parks al negarse a ceder un asiento en el autobús a un hombre blanco se coloca al mismo nivel que el de una persona que mete una lata en el contenedor amarillo. El vínculo conceptual entre las dos imágenes, su identificación metafórica, se basa en que los pequeños gestos transforman el mundo. Precioso. Sin embargo, la carga ideológica del proceso de reciclaje al que se somete a la figura de Rosa Parks nos da alguna pista sobre cómo nos vamos quedando sin argumentos para transformar la realidad.
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