Hoteles, embajadas, arqueológicos: cositas de escribientes

En Exarquia aún hay protesta y revuelta, espíritu transgresor, pero a su modo también es puro glamur y está al borde de ser una pijada como ya lo son Malasaña o el Trastévere

Jul 4, 2024 - 06:00
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Hoteles, embajadas, arqueológicos: cositas de escribientes

Desde la terraza del hotel se disfruta una panorámica de Atenas que, en plano cenital, es una manta blanca. En un extremo se alza la acrópolis; a lo lejos, el Partenón parece una construcción de juguete. Me siento como Zeus-Laurence Olivier en la Furia de titanes de Harryhaussen: el dios manipula figuritas humanas sobre un círculo. Al descender de las alturas, Atenas tiene otros colores quemados por el sol, desgastados, olorosos. Los coches invaden calles estrechísimas que llegan a Monastiraki con sus comercios de telas enrolladas y apiladas. Me gusta el abigarramiento, pero también el equilibrio octogonal de la Torre de los Vientos. Gatos de Plaka y Mercado Central. La luz es tan incisiva que las fotos salen como veladas. Las turistas llevamos gorrito y miramos a los sintecho de Atenas que en las novelas de Rodrigo Rey Rosa son reencarnaciones de sofistas. No hay estilización, sino respeto por seres humanos en la época de la devaluación de la justicia social. De Rey Rosa, Bolaño escribió: “Leerlo es aprender a escribir”.

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