Humanismo moñas
Me quedo tiesa cuando en las páginas de este periódico leo titulares como este: “Si es de la Humanidad, deja de ser nuestro”

Como diría Yolanda Díaz, a mí en mi casa me enseñaron a desconfiar del humanismo moñas, y me vacunaron de la trivalente ―tétanos, tosferina, difteria― y contra la cursilería, aunque hoy reivindique la cursilería desde el feminismo. En mi casa, me orientaron hacia el carácter histórico de sentimientos como el amor o de conceptos como el individuo, y me sensibilizaron respecto al valor de lo imaginario a través de una idea mítica de Dios y de una afición vampírica por la literatura. La realidad habita las ficciones y las ficciones construyen realidad. Nuestro humanismo está, pero valoramos los adjetivos especificativos: humanismo sí, pero humanismo “moñas” no. Por eso, cuando vemos cómo la palabra “democracia” llena la boca de personajes a punto de asfixiarse al pronunciar el manoseado bolo conceptual, sospechamos del demonio de las democracias liberales. Las democracias liberales colocan en el mismo campo semántico: capitalismo, democracia, libertad, alegría de vivir. Todo lo que parece de cajón, en mi casa, suena raro.
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