Japón: más que manga
La cultura nipona hipnotiza a Occidente al rechazar las dicotomías y las diferencias que pueden parecer irreconciliables entre los opuestos y sugiere su convivencia
Desde hace décadas el manga se ha ido imponiendo en los mercados europeos y ha dado lugar a un territorio próspero de ferias, pasiones, héroes, disfraces, hologramas e incluso relaciones fictosexuales —las que los humanos mantienen con personajes de ficción—, semejantes a la que protagonizaron Akihiko Kondoy y la cantante virtual Hatsune Miku, hasta que la empresa al mando la desconectó de sus servidores y algunos empezaron a hablar de Kondoy como “el primer viudo digital”. Quizás los aficionados al manga intuyen ese metaespacio de pliegues, aparentes paradojas… en el cual nada es imposible y nos sentimos cómodos; un espacio construido sobre contradicciones. O contradicciones al menos para la lógica binaria occidental, gobernada por las ahora muy impopulares dicotomías: masculino/femenino, blanco/negro, lleno/vacío, animado/inanimado, muerte/vida… De hecho, la cultura japonesa —y el manga no es la excepción— propone resquicios infinitos que permiten no ser nunca una única cosa ni para siempre. Sugiere la convivencia grata de los opuestos: lo que ya no es y no ha dejado de ser aún.
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