Jorge Ilegales, la música a cabezazos
Sus conversaciones eran pura poesía, tenían la seducción del Nietzsche de ‘Así habló Zaratrusta’, las evocaciones cultas a lo Borges y el tono epigramático de Quevedo. Todo lo mezclaba, todo le servía
Lo recuerdo perfectamente: en un ensayo con una banda paralela de Jorge [fallecido este martes], yo estaba tocando el bajo y me confundí en una nota. Jorge Ilegal detuvo el ensayo y me dio un cabezazo. Dijo: “Siempre he tenido maneras muy expeditivas para lograr que mis bandas sonaran de maravilla. Ya verás cómo no te vuelves a equivocar”. Y así fue. No me volví a equivocar. Pero no era la única manera de enseñar que tenía. Sus conversaciones eran pura poesía, tenían la seducción del Nietzsche de Así habló Zaratrusta, las evocaciones cultas a lo Borges y el tono epigramático de Quevedo. Todo lo mezclaba, todo le servía. Detrás de esa aparente bestialidad, existía una persona que había invertido demasiadas horas en batallas etílicas que ya nada le aportaban y se afanaba en recuperar el tiempo gastado.
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