La arqueología, testigo infalible del horror de la Guerra Civil y el franquismo
El libro ‘Desenterrar el pasado’ refuerza el valor de los restos óseos y materiales cotidianos desenterrados como prueba necesaria para conocer el pasado reciente

La historia la escriben y la cuentan los vencedores. Luego, a los historiadores les toca expurgar y rectificar esa narrativa. En el siglo XIX, Lord Acton pensó que, con las fuentes y la metodología adecuada, podía escribirse “un relato capaz de aparentar precisión y definir la realidad”, explican el historiador Miguel Ángel del Arco y el arqueólogo Francisco Carrión. Ambos admiten el fracaso de esa asunción: “Hoy sabemos que eso es imposible”, cuentan. “En el camino de alcanzar la verdad plena, la historia tropieza con numerosos obstáculos”, añaden. Uno de ellos es la parcialidad de los textos disponibles. Si el conflicto es reciente, se pueden encontrar testimonios de las víctimas, a veces de primera mano, a veces convertidos en un relato familiar que pasa de generación en generación, explica Carrión, con la pérdida de fidelidad que eso supone. Existe, sin embargo, un área de la historia que ha tomado fuerza en la tarea, literal, de desenterrar la verdad. Es la arqueología, la que saca de la tierra restos óseos y material de la vida cotidiana, la que analiza las materialidades del conflicto, las que no mienten, las que no se pueden contradecir.
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