La ciudad de fuera adentro
En los interiores de Cuenca hay una inusitada concentración de patrimonio y museos (desde arte abstracto a dinosaurios). Al aire libre, esperan paseos por un casco viejo exquisitamente cuidado, rutas naturales por las hoces del Júcar y el Huécar y visitas a yacimientos como el romano de la cercana Noheda
Hay que subir hasta el barrio del Castillo, zona clásica de aperitivo y sol, para llegar a la tirolina de Cuenca. Son 15 minutos desde el parador, un paseo para sacudirse el frío pegajoso de enero. En la plataforma de salida, arnés fijo y casco en cabeza, es fácil creerse en Cabo Cañaveral. Entonces hay que dar un pequeño salto al vacío y abrir los brazos para sentir el viento, recomiendan Cristian y Begoña, sus detallistas y amables responsables. Y vaya si se siente: el cosquilleo de la ingravidez hace que uno se ría solo, jajajá, pero el descenso es plácido, lejos del vértigo de una montaña rusa. Adrenalina para todos los públicos.
¿Cuál es tu reacción?









