La ciudad de los flipados
Últimamente se habla mucho del síndrome del impostor y muy poco del otro extremo de este fenómeno. Dicen que todos tenemos dentro un entrenador de fútbol o un politólogo, pero en realidad yo creo que tenemos a un pequeño flipado
Últimamente oigo tanto hablar del síndrome del impostor que estoy esperando a que la OMS lo declare pandemia. Dicen que es el miedo persistente a no estar a la altura, a ser descubierto como un fraude en el trabajo. Fantaseo con que todos estos diagnósticos sean ciertos, que en el fondo todo el mundo sea un impostor. Igual no hay nadie al volante y vivimos en un mundo de niñatos disfuncionales que se fingen adultos y juegan a las oficinitas. Sería una broma divertidísima, darnos cuenta de que en realidad nadie sabe qué está haciendo y el mundo sigue avanzando un poco por inercia. Pero, la verdad, lo dudo. No le resto importancia al síndrome y creo que hay gente muy válida que lo pasa mal. Que la autoexigencia puede volverse en nuestra contra. Pero tengo la impresión de que en los últimos años la idea se ha hecho tan popular que se ha desvirtuado, y muchos se están subiendo al carro de los impostores porque toca.
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