La claridad del toreo
Los artistas, a su manera, son lidiadores, entran en las plazas y saquean el ruido, te dejan con la boca callada
Vivimos en tiempos oscuros, donde todo es falseado, trapicheado. La mentira se viste de verdad y, por si fuera poco, nos metemos rajas de buenismo para edulcorarla, para mofarnos de ella. Más que nunca necesitamos la claridad del toreo, su soledad sonora, su música callada. Más que nunca necesitamos de esas armonías superiores de las que hablaba Bergamín, hechas para los ojos del alma, oídas por dentro, con el corazón. Allí se aposentan el arte, los libros, los lienzos, todo lo que hace que seamos mejores, con más cumbres. Y sin embargo, nos llega todo ese ruido sin fin, ese palmoteo, abucheo, griterío de las redes sociales, de los canales de televisión.
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