La derrota que Flick intentó frenar con la Masia: un avión, un hotel y un clásico
El retraso del vuelo desde Sevilla, con tres horas de espera en la pista, y la cercanía del partido contra el Madrid llevaron al técnico a sentar a Rodri y alinear a su once más joven en París
En medio de la tensión latente que sobrevuela París tras la revuelta social que dejó más de 2.000 detenidos, el fútbol dibujó una pequeña sonrisa en los aficionados del PSG. “Frissons et fièvre” (escalofríos y fiebre), tituló L’Équipe; es decir, emoción y euforia. La capital francesa celebró la autoritaria victoria ante el Barcelona, aspirante a discutirle el reinado europeo, una semana después de vencer al City. Pero la alegría duró poco: esta mañana, Luis Enrique se enteró de que no podrá contar con Kvaratskhelia en lo que resta de temporada, una lesión que se suma a las musculares de Dembélé y Marquinhos. Lo que en París se celebró como un golpe en la mesa, incluso con cierta sorna a pocos días del Balón de Oro —L’Équipe le puso un 4 a Lamine Yamal—, en el Barcelona se vivió con relativa calma. El foco no está en la Champions. Por ahora.
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