La Europa de Spinoza: ninguna religión puede definir un continente
“La civilización europea es ante todo una civilización pluralista”, defendió Albert Camus ya en los años cincuenta cuando el proyecto de Unión apenas había arrancado
George Brassens, el juglar francés heredero de François Villon y de toda una estela de creadores libres e impertinentes, fue además un gran filósofo. Una de sus canciones más célebres, Morir por las ideas, es una burla despiadada —y muy graciosa— de todos los fanatismos. En uno de los momentos más lúcidos de la canción, explica que morir por una idea es una mala opción porque siempre existe la posibilidad de acabar en el más allá por las creencias equivocadas. “Si hay una cosa amarga, desoladora / es que al entregar el alma a dios / nos demos cuenta de que hemos tomado el camino equivocado / que nos hemos equivocado de ideas / morir por las ideas / de acuerdo, pero de muerte lenta”.
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