La inteligencia artificial empieza a pintar en el arte
Los sistemas informáticos ayudan cada vez más a los coleccionistas en sus compras, pero no son capaces de detectar a los artistas emergentes
Atravesando ese valle de cenizas que es el mercado español del arte contemporáneo, más arriba, en plenos Alpes, Art Basilea (Art Basel, 2025) cerró el pasado junio otra edición de grandes ventas. Suiza es una caja fuerte para los galeristas. Transacciones seguras. Pese a la geopolítica, la guerra en Ucrania, Oriente Próximo o los aranceles de Trump. Los jets privados siguen aterrizando con los grandes coleccionistas. Pero este año hubo una diferencia: ha llegado la inteligencia artificial. Permite saber al instante el precio final de cualquier obra que se haya subastado en el mundo. Los coleccionistas la usan para conocer los valores de remanente porque los datos que recopilan proceden solo de subastas, ya que los precios de galería no se facilitan a estas plataformas. Quedan fuera, por ejemplo, los artistas emergentes. Ahí el coste se establece entre galerista y cliente cuando se quedan a solas dialogando con la gramática del dinero.
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