La mansada de Dolores
Juan de Castilla da una meritoria vuelta al ruedo tras sufrir una terrorífica voltereta de un deslucido toro al que mató volcándose sobre el morrillo

El primer toro se comportó como si sus hermanos lo hubieran enviado para otear el horizonte. De entrada, se sorprendió sobremanera ante el nuevo escenario, corrió sin rumbo por el anillo y buscó una salida desesperadamente. Estaba claro que no era su mundo y se sintió muy incómodo. Embistió a la muleta de Robleño porque, a la vista de la insistencia del torero, no tenía nada mejor que hacer. Y por allí anduvo perdido y desanimado hasta que pasó a mejor vida.
Aguirre/Robleño, Castaño, De Castilla
Toros de Dolores Aguirre, desigualmente presentados, muy justos segundo y tercero, y de deslumbrante trapío el quinto, mansos, muy descastados, blandos y deslucidos.
Fernando Robleño: dos pinchazos y bajonazo (silencio); estocada baja y tres descabellos (algunas protestas).
Damián Castaño: casi entera baja (silencio); pinchazo y estocada (ovación).
Juan de Castilla: estocada (petición y vuelta al ruedo); dos pinchazos (ovación). Fue asistido en la enfermería de dos cornadas; una, sobre la cresta ilíaca posterior con una trayectoria de 15 centímetros hacia adelante y otra de 5 centímetros. Y otra herida en el pene con desgarro superficial. Pronóstico reservado.
Plaza de Las Ventas. 27 de mayo. Decimosexta corrida de la Feria de San Isidro. Más de tres cuartos de entrada (19.569 espectadores, según la empresa).
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