La pena máxima

Los penaltis se juegan a una distancia casi infantil, once metros, que convierte este capítulo del fútbol en algo más aconsejable para futbolistas optimistas que para grandes peloteros

Dic 9, 2024 - 06:00
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La pena máxima
El italiano Roberto Baggio falla el penalti ante el brasileño Taffarel en la final del Mundial de 1994.

El fútbol es una injusticia sin remedio. Se habla mucho de meritocracia, de presionar, de correr siempre un poco más que el rival para acercarse a la victoria. Y nada de eso puede servir. Ni si quiera el talento es una verdad absoluta. Desde el punto de penalti se le apagan las luces hasta a las estrellas más brillantes del firmamento futbolístico, y uno de esos astros que vale millones y millones de euros, y que goza de la zurda más codiciada del mercado termina pasando por un pobre torpón que parece que nunca dio una patada a un bote. Desde los once metros hay que jugársela a derecha o izquierda, arriba o abajo. Los más creativos como Panenka, el Loco Abreu, Sergio Ramos o Hakimi optan por el centro de la diana, aunque esos serían un capítulo aparte. La gran mayoría se decanta por un lado, y que pase lo que tenga que pasar. Me sorprende lo “bien” que están tirados los penaltis cuando se meten y lo “mal” tirados que están cuando se fallan. El mismo golpeo, con el mismo efecto, a la misma velocidad, a la misma altura y por el mismo lado, puede pasar, para el público y la prensa, de auténtica genialidad a calamidad en función de donde caiga el portero.

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